Escrito por
La Redacción.
septiembre 01, 2016
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Dilma Rousseff, vestida con un traje
chaqueta de color
rojo, cerró su historia como presidenta
rodeada
de sus más fieles seguidores y amigos.
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Racciones no se hacen esperar.
Mientras que Estados Unidos cree destitución es institucional, los aliados de
Dilma Rousseff califican acción como un duro golpe de estado a la democracia.
Brasilia.- Tras bajar una rampa roja, Dilma
Rousseff se posicionó detrás de la tribuna, deslizó una breve sonrisa y con la
voz inquebrantable se dirigió a los brasileños: “No diré adiós, estoy segura de
que esto será un hasta luego”.
Con total serenidad, Rousseff miró a las cámaras que
abarrotaban el palacio presidencial de Planalto y mantuvo el pulso, como si el
Senado no hubiera acabado de votar su destitución por 61 votos a favor y 20 en
contra.
Pero Rousseff era consciente de que la Cámara alta la
había despojado definitivamente del poder y, sin titubear, recalcó que con su
destitución se había consumado un “golpe de Estado” en Brasil.
En la entrada principal de su residencia, de espaldas
a una alta pared de azulejos dorados, Rousseff, vestida con un traje chaqueta
de color rojo, cerró su historia como presidenta rodeada de sus más fieles
escuderos, quienes la arroparon en su última foto de familia.
En la instantánea
faltó su padrino y creador político, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva,
quien se ubicó en un segundo plano, cediéndole todo el protagonismo a su
pupila. Con una mano en el corazón y la otra sobre la barbilla, Lula mantuvo la
mirada perdida en el infinito, visualizando la destitución de su ahijada y el
fin de 13 años de poder del Partido de los Trabajadores.
Reacciones.- Estados Unidos opinó este miércoles que la destitución de la
presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se produjo dentro del “marco
constitucional” del país, por lo que dijo “respetar” la decisión del Senado y
prometió que trabajará con el nuevo mandatario brasileño, Michel Temer.
“Esta fue una decisión hecha por el pueblo
brasileño, y la respetamos. Creemos que las instituciones democráticas de
Brasil han actuado dentro de su marco constitucional”, dijo el portavoz del
Departamento de Estado de EE.UU., John Kirby, en su conferencia de prensa
diaria.
El portavoz dejó así claro que Estados Unidos no
comparte la denuncia de Rousseff, quien ayer afirmó que con su destitución por
el Senado brasileño se había consumado un “golpe de Estado” en el país.
“Estamos seguros de que continuaremos con la fuerte
relación bilateral que existe entre nuestros dos países, las dos democracias y
economías más grandes del hemisferio”, agregó Kirby.
Recordó que Estados Unidos coopera con Brasil “para
abordar muchos temas de interés mutuo en el siglo XXI” y “retos globales”, y
que planea “continuar con esta colaboración esencial”.
Los aliados.- Por su lado, varios Gobiernos y organismos regionales
salieron ayer en defensa de Dilma Rousseff y del orden institucional en Brasil
ante la destitución de la mandataria, que calificaron como un “golpe de
Estado”, e incluso Ecuador, Venezuela y Bolivia llamaron a consultas a sus
representantes en ese país.
Venezuela, uno de los fuertes aliados del Gobierno de
Rousseff, decidió “retirar definitivamente” a su embajador en Brasil y congeló
“las relaciones políticas y diplomáticas con el Gobierno surgido de este golpe
parlamentario”.
Ecuador llamó a consultas al encargado de negocios de
su embajada en Brasil y su presidente Rafael Correa afirmó que la destitución
de Rousseff es una “apología” al abuso y la traición que recuerda las “horas
más oscuras de nuestra América”.
El gobernante de Bolivia, Evo Morales, convocó a su
embajador en Brasilia y condenó “el golpe parlamentario contra la democracia
brasileña.


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