Escrito por
La Redacción.
agosto 29, 2016
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BRASILIA, BRASIL.- Serena y
combativa, la presidenta suspendida, Dilma Rousseff, se enfrentó este lunes a
sus verdugos políticos en su último embate en el Senado, adonde llegó
acompañada por su creador y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva.
Rousseff se mostró firme en su último discurso,
pronunciado en vísperas de la votación que definirá el destino político de la
primera mujer presidenta de la historia de Brasil, pero a pesar de su entereza
sus ojos se llegaron a humedecer en alguna ocasión.
Rousseff se
presentó en el Senado arropada por algunos dirigentes de izquierdas,
encabezados por su antecesor y padrino político Luiz Inácio Lula da Silva, y
fue aclamada por unos 200 simpatizantes que se congregaron frente al
Parlamento, bajo una estrecha vigilancia policial.
La exposición de
Rousseff, es uno de los puntos culminantes del juicio político en que, entre estos
martes y miércoles, se decidirá si finalmente es destituida.
En un clima de despedida, Rousseff, vestida con un
traje de colores sobrios, se rodeó de sus fieles escuderos, de exministros y de
antiguos amigos, como el cantautor Chico Buarque, quienes la acompañaron desde
la platea del concurrido Senado.
“No lucho por mi mandato, vanidad o apego al poder.
Lucho por la democracia, la verdad y la justicia”, declaró desde la tribuna, en
un discurso de unos 45 minutos, leído en pie en medio del completo silencio del
pleno de la Cámara alta.
Como el profesor que sigue de cerca a su pupila, Lula,
visiblemente afligido, escuchó los argumentos de su ahijada, que esta semana
podría abandonar definitivamente el poder del que fue apartada el pasado 12 de
mayo.
En las afueras del Congreso, completamente cercado por
vallas, algunos manifestantes escuchaban a la mandataria suspendida a través de
sus teléfonos móviles, mientras otros clamaban sin cesar el regreso de la
presidenta.
Rousseff tenía previsto conversar con sus seguidores
antes de explicarse ante el Senado, lo que movilizó a unos 500 manifestantes a
las puertas del Congreso a primera hora de la mañana y bajo el sol abrasador de
Brasilia.
Pero Rousseff desistió y fue directo de su residencia,
el palacio de la Alvorada, hasta el interior del Congreso, el majestuoso
edificio diseñado por el maestro brasileño de las curvas, Oscar Niemeyer.
Cuando uno de los periodistas anunció que Roussef ya
había entrado en el Congreso, sus seguidores no dieron crédito: “Yo sólo quería
darle un abrazo”, afirmó Isabel Caldas, quien lloró cuando supo que no podría
hablar con la que todavía considera su presidenta.
Caldas buscó el consuelo en el hombre de Malvina Joana
de Lima, una jubilada de 64 años que madrugó para defender al Partido de los
Trabajadores (PT), la formación que le “cambió la vida” a ella y “a millones de
brasileños”.
“Dilma significa los besos que mi madre no me dio”,
señaló De Lima, quien portaba en sus manos la rosa roja que quería darle a
Dilma Rousseff.
Con unas gafas rosas en forma de corazón y una camisa
con el eslogan “Fuera Temer”, la brasileña contó que fue abandonada en un
orfanato cuando tenía dos meses y que por eso Rousseff, sin conocerla
personalmente, es para ella la madre que nunca tuvo.
“Yo no sabía lo que era un abrazo. Yo solo sentí el
abrazo de Rousseff en la tierra”, aseguró, mientras sujetaba un cartel en el
que se leía en inglés “The people should decide” (La gente debería decidir).
La concentración a favor de Rousseff transcurrió en un
clima pacífico, con incidentes aislados, como el que protagonizó una mujer que
escupió y tiró agua contra las televisiones que registraban la manifestación al
acusarlas de “golpistas”.
Como en las anteriores ocasiones, la policía siguió de
cerca a los manifestantes y un muro de acero fue levantado a lo largo de la
Explanada de los Ministerios, una amplia avenida que reúne todos los poderes
públicos de Brasil, incluido el Congreso.
La cerca metálica, de alrededor de un kilómetro de
extensión, separará durante la votación final a los seguidores y detractores de
Rousseff, quien se encuentra a tan sólo un paso del abismo político.


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