Escrito por
La Redacción.
agosto 16, 2016
-
0
Comentarios
Para finales del año 1864, ya el movimiento restaurador abarcaba todo el
territorio dominicano, bajo el criterio de que la República todavía existía y
bajo la consigna de "Libertad o Muerte" y "Guerra a Muerte
Contra el Colonialismo Español y los Traidores a la Patria".
SANTO DOMINGO.- Este martes, 16 de agosto de 2016,
se celebra el aniversario número 153 de la Restauración de la República
Dominicana.
Esta gesta patriótica está considerada no sólo
como la segunda independencia, sino como la más contundente prueba de identidad
nacional y de definición y afianzamiento de la soberanía de la República
Dominicana.
Esta importante efeméride será celebrada con diversos
actos oficiales en todo el territorio dominicano, además de que hoy el Congreso
Nacional elige a los directivos del Senado y de la Cámara de Diputados. De
igual manera, en las salas capitulares de las alcaldías, hoy se elegirán a los
directivos.
Este 16 de agosto, el presidente Danilo Medina,
tomará posesión por segunda ocasión consecutiva, esta vez para el período
presidencial 2016-2020.
La Guerra de la Restauración.- La Restauración fue un movimiento
popular y nacionalista que mediante la guerra revolucionaria, devolvió a la
República Dominicana su independencia, el 3 de marzo de 1865.
La Restauración fue un movimiento popular y
nacionalista que mediante la guerra Revolucionaria, devolvió a la República
Dominicana su independencia. La base social de ese movimiento estaba
constituida, fundamentalmente por campesinos, la gurgucia urbana. Estas clases
enarbolaron la bandera del Republicanismo democrático como representantes del
progreso económico Social y Político en su época histórica.
La Restauración fue además el mayor movimiento armado
que conoció el país en toda su existencia, a partir incluso de los tiempos
coloniales.
El 16 de agosto, los dominicanos conmemoran otro
aniversario del inicio de los actos bélicos, que desataron la guerra
domínico-española, por la restauración de la República Dominicana, que había
sido proclamada el 27 de febrero de 1844, pero desde su fundación estuvo
amenazada por las luchas intestinas de sus fundadores y otros que aún siendo
acabados de llegar, ejercieron un protagonismo y una presión tan deliberante,
que terminaron desplazando a los más sacrificados por la patria.
A estas luchas de intereses entre los dominicanos, se
sumaron las constantes invasiones, amenazas y presiones de los haitianos,
quienes alegaban que desde el tratado de Basilea en 1795, la isla era una sola
e indivisible y por lo tanto se oponían a la independencia del territorio que
ellos siempre habían reclamado y que habían gobernado desde el 9 de febrero de
1822, hasta el 27 de febrero de 1844.
Para finales del año 1864, ya el movimiento
restaurador abarcaba todo el territorio dominicano, bajo el criterio de que la
República todavía existía y bajo la consigna de “Libertad o Muerte” y “Guerra a
Muerte Contra el Colonialismo Español y los Traidores a la Patria”
También presionaban e instigaban potencias como
Francia, España, Inglaterra y el naciente imperio del norte, como llamara José
Martí a los Estados Unidos de América. Estas potencias no tenían ningún interés
real en el territorio dominicano, sino tenerlo como base para sus defensas o
para atacar a otras potencias, por eso el desenfrenado interés por la
estratégica bahía de Samaná.
En el caso de los haitianos, ya que ellos sólo querían
esa parte de la isla para evitar que cayera en manos de alguna de esas
potencias y en caso de verse atacados, dar a Quisqueya como botín de guerra, en
un eventual acuerdo de paz.
En este estado de efervescencia, intranquilidad e
inestabilidad social, política y económica, así como los constantes cambios de
gobernantes y el revanchismo político, el país pasó sus primeros trece años de
vida republicana, hasta que el 7 de julio de 1857, estalló un movimiento en
todo el Cibao, que es conocido en la historia dominicana como la Revolución de
Julio y terminó con el derrocamiento del segundo gobierno de Buenaventura Báez
y abriendo el camino para el tercer y último gobierno de Pedro Santana.
El proceso de la anexión a España fue largo, ya que se
acompañó de proyectos y gestiones como las que encabezaron Buenaventura Báez en
1846 y 1857, Mella y Felipe Alfaú en 1853.
Ya para 1860 la anexión a España comienza a germinar,
a raíz de una larga exposición que escribió Pedro Santana a la reina Isabel II.
En esa carta Santana fundamenta la solicitud,
señalando entre otras cosas, que el hecho de tener el mismo origen, religión y
costumbres “nos inclinan a desear encontrar esa estabilidad en una más perfecta
unión con la que fue nuestra madre patria que la que existe y seguramente nos
presentará mejor oportunidad que las que ofrecen hoy las circunstancias”.
Como resultado de esta solicitud, llegó a Santo
Domingo el general español Gutiérrez de Rubalcaba para estudiar la situación y
rendir un informe, el cual fue favorable a la petición de anexión y Santana
procedió a someter las bases en que debía apoyarse la anexión, las cuales
especificaban lo siguiente:
1) El respeto a la libertad individual y al principio de no esclavitud.
2) Que el territorio dominicano fuera considerado como una provincia española y como tal, disfrutará de los derechos correspondientes.
3) La utilización del mayor número de hombres, especialmente los del ejército, que desde 1844 habían prestado importantes servicios a la patria.
4) La amortización del papel moneda circulante, como una de las primeras medidas.
5) El reconocimiento y validez de los actos gubernamentales, ocurridos en el país desde 1844.
Al comenzar el año 1861, los anexionistas se apoyaban en todo tipo de excusas para simular sus propósitos y mientras por un lado justificaban ante el gobierno español que la anexión se haría “conforme a los deseos que siempre habían manifestado los dominicanos”, por el otro lado se desarrollaba una política represiva, tratando de ahogar en sangre, cárceles y deportaciones, todo tipo de protesta que iban surgiendo en el país, y también se buscaba y se obtenía al precio que fuera, adhesión de los jefes militares y de grupos y personalidades influyentes.
Se colocaron personas de extrema confianza en los
puestos claves, se escribieron circulares a funcionarios civiles y militares,
así como a los cónsules y representantes diplomáticos acreditados en el país y
se puso en funcionamiento la maquinaria propagandística para comunicarle al
país, que ya la anexión era una realidad.
Para las primeras horas de la mañana del 18 de marzo
de 1861, Pedro Santana, el primero y último presidente de la que hasta entonces
había sido la República Dominicana, convocó al “pueblo” a la plaza de la
catedral, hoy parque Colón, para darle oficialmente la “gran noticia” y bajar
la bandera dominicana, para izar el pabellón español y entre las proclamas y
argumentos en el acto de entrega, Santana proclamó lo siguiente:
“España nos protege, su pabellón nos cubre, sus armas
impondrán a los extraños, reconoce nuestras libertades; Y juntos las
defenderemos, formando un solo pueblo, una sola familia, como siempre fuimos;
Juntos nos presentaremos ante los altares que la madre patria erigiera”.
La vuelta a la situación colonial se puso de
manifiesto no sólo con la reincorporación del territorio a España, sino con el
establecimiento de viejas modalidades coloniales, tales como instauración de
las instituciones jurídicas hispánicas, un clima inquisitorial y de
intolerancia religiosa, el predominio de los peninsulares y los prejuicios
raciales frente a los nativos, entre otras barbaridades.
Al producirse la anexión, Pedro Santana quedó como
gobernador interino de la colonia, hasta que fue confirmado en el mando en mayo
de 1861, cuando la reina Isabel II reconoció oficialmente el traspaso
territorial y empezó a tomar decisiones en su readquirida colonia, mandando
personal administrativo desde Cuba y Puerto Rico, pero antes se hicieron oír
las protestas de países como Chile, Perú, Haití, Francia, Inglaterra,
Venezuela, Alemania y Estados Unidos, entre otros.
El descontento de muchos nativos que se oponían a la
anexión, nunca se apagó y por el contrario, todas las medidas y hechos de los
españoles, contribuían a incrementar el sentimiento patrio, y muy pronto
comenzaron los focos de resistencia que luchaban por el retorno a la vida
republicana, que con sus virtudes y defectos, garantizaba por lo menos un
mínimo de libertades e igualdad entre los ciudadanos.
España en ningún momento cumplió con los acuerdos que
fundamentaban la anexión y las medidas económicas y represivas en contra de la
población, no sólo traspasó lo administrativo y militar, sino que también
volvieron medidas esclavistas y raciales, donde hasta la Iglesia Católica
desconocía a los sacerdotes dominicanos.
Se fueron desatando varios movimientos tendentes a
expulsar a los españoles y restablecer la república, como el levantamiento en
Moca dirigido por José Contreras, el movimiento de la Regeneración Dominicana y
el asalto de Neyba, ocurrido en febrero de 1863, dirigido por Cayetano
Velásquez, también el día 21 de febrero de ese mismo año, Santiago Rodríguez
encabezó un movimiento que culminó con el levantamiento y toma de Guayubin,
donde los dominicanos sorprendieron la guarnición española y convirtieron toda
la región noroeste en un bastión importante de la resistencia, ya que lograron
el levantamiento de varias comunidades.
El estado de sitio, los apresamientos y fusilamientos
emprendidos por los españoles, acrecentaron aún más las luchas de los
restauradores y el amanecer del 16 de agosto de 1863, fue fiel testigo del
ataque a Santiago, por hombres encabezados por Benito Monción, Gaspar Polanco,
Benigno Filomeno Rojas, Cayetano Germosén, Olegario Tenarez, Eugenio Miches y
Gregorio Luperón, entre otros.
Pintura que recrea uno de los momentos en que el
general Gregrorio Luperón dirigía a los patriotas contra las tropas españolas.
Mientras que otro grupo encabezado por Santiago Rodríguez, Pedro Antonio Pimentel, José Antonio Salcedo, Lucas Evangelista de Peña y Federico de Jesús García, entre otros, enarboló la insignia tricolor, símbolo del pabellón dominicano, en el cerro de Capotillo, en la hoy provincia de Dajabón.
El movimiento restaurador abarcó a todos los sectores
en los diferentes aspectos sociales, políticos y militares, en los que también
podemos destacar la ayuda económica y bélica, de países como Venezuela y Haití.
Para finales del año 1864, ya el movimiento
restaurador abarcaba todo el territorio dominicano, bajo el criterio de que la
República todavía existía y bajo la consigna de “Libertad o Muerte” y “Guerra a
Muerte Contra el Colonialismo Español y los Traidores a la Patria”.
Al comenzar el año de 1865, Geffrard, el presidente de
Haití, envió un comisionado para mediar en la guerra y en los intercambios de
prisioneros, que ya se había iniciado entre comisionados españoles y
restauradores, así como el acuartelamiento y ubicación de todas las tropas
españolas.
El día 3 de marzo de 1865, el gobierno español emitió
el “Real decreto” que determinó el abandono por parte de España, del territorio
dominicano y anulando el pacto de anexión.
Las tropas españolas iniciaron el proceso de
evacuación el día 10 de julio de 1865, iniciándose así la segunda república bajo
el mando de Pedro Antonio Pimentel, quien había sustituido a la Junta Central
Gubernativa, el primero de marzo.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario