Escrito por
La Redacción.
agosto 19, 2016
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| Dilma Rousseff |
Rousseff pide unas nuevas elecciones para, alegadamente, superar el "desgaste" político.
Brasilia.- La presidenta de Brasil, Dilma
Rousseff, suspendida por un juicio de destitución que está en su fase final,
afirmó este jueves que el país precisa una reforma política y unas nuevas
elecciones para superar el “desgaste” causado por el proceso en su contra.
“No es posible tapar el sol con un dedo” y no percibir
que “hubo un desgaste constitucional” provocado por el “juicio sin crimen” al
que está sometida, dijo a corresponsales extranjeros la mandataria, acusada de
irregularidades en el manejo de los presupuestos y otras violaciones de las
leyes que regulan el uso del dinero público.
Según Rousseff, “es un hecho” que el “nivel de estrés
y desgaste” causado por el juicio político impone un nuevo “pacto democrático
basado en el voto popular” y que obliga a anticipar las elecciones previstas
para 2018, aunque “respetando” el mandato que recibió en las urnas y
reconociendo su “inocencia”.
La propuesta de convocar a un plebiscito para que la
sociedad decida sobre unas nuevas elecciones fue incluida en una llamada “Carta
a los Brasileños” que presentó esta semana, frente a la fase final del juicio
político que comenzará el próximo día 25.
La mandataria insistió en que si se “consuma” su
destitución, el país estará frente a una “ruptura democrática”, por lo que
insistió en que es necesario consultar a los brasileños sobre su futuro y la
posibilidad de adelantar las elecciones.
No obstante, aclaró que, como presidenta elegida en
las urnas, ella debería estar al frente de ese proceso, que tendría que incluir
además una reforma política, que tenga entre sus objetivos limitar el número de
partidos políticos, que hoy supera la treintena.
“No importa la competencia que tenga o no” un
gobernante, porque “no es posible negociar con treinta partidos” para que sea
aprobada una ley en el Congreso, afirmó Rousseff, quien insistió en que “es
necesario reformar este sistema político”.
En forma indirecta, a esa proliferación de partidos
atribuyó en parte la pérdida de su base política, que contribuyó a la apertura
del juicio de destitución en su contra.
En su opinión, la instauración del proceso se debió,
en parte, a que sectores del “centro progresista” que la apoyaron se
desplazaron “hacia la derecha” y promovieron el juicio “para imponer un
programa de Gobierno que jamás sería aprobado” en las urnas y tiene como meta
“desmantelar” las mejoras sociales registradas durante su gestión.
Rousseff está suspendida de sus funciones desde el
pasado 12 de mayo, cuando fue instaurado el proceso, y desde ese mismo día la
sustituye el hasta entonces vicepresidente Michel Temer, quien en caso de su
destitución completará el mandato que vence el 1 de enero de 2019.
El proceso contra la mandataria entrará en su etapa
definitiva a partir del 25 de agosto próximo, cuando el pleno del Senado
iniciará una serie de audiencias que concluirán con la votación final sobre su
responsabilidad en los asuntos que fundamentan las acusaciones.
Según calcula el Tribunal Supremo, garante
constitucional y corresponsable del proceso, ese trámite puede durar unos cinco
días, al cabo de los cuales Rousseff será despojada del cargo si así lo
decidiera una mayoría calificada de 54 votos, que representan dos tercios del
Senado.
Por el contrario, si fuera absuelta, recuperaría el
poder, con lo cual Temer quedaría relegado a una vicepresidencia que se
considera inviable, pues está públicamente enemistado con la mandataria, que le
acusa de “traidor” y “golpista”.
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