Escrito por
La Redacción.
julio 04, 2016
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Los bomberos trabajan en el distrito de
Karada en el centro de
Bagdad, tra la explosión este domingo de un
coche bomba.
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BAGDAD. La cifra de fallecidos en el devastador ataque con un
camión bomba en una concurrida calle comercial de Bagdad el domingo subió a
180 personas, dijeron funcionarios iraquíes el lunes, mientras el primer
ministro del país, Haider al-Abadi, ordenó nuevas medidas de seguridad para la
capital.
El atentado, reivindicado por el grupo extremista
Estado Islámico, fue el más letal de lo que va de año en Irak y uno de los más
cruentos de su tipo en más de una década de guerra e insurgencia.
Puso de manifiesto la capacidad del grupo EI para
atacar la capital a pesar de sufrir derrotas en los frentes abiertos en otras
partes del país, y avivó la ira del pueblo iraquí contra la clase
política.
El suicida detonó su vehículo cargado de explosivos en
Karada, un distrito de mayoría chií de Bagdad, un lugar que congrega a un gran
número de compradores, especialmente en el mes sagrado del Ramadán.
Las calles estaban llenas de jóvenes y familias tras
romper el ayuno de la jornada.
Policía y responsables
sanitarios dijeron el lunes que es posible que el balance de muertos aumente
porque rescatistas siguen buscando a personas desaparecidas.
Al menos 192 personas más resultaron heridas. Los
funcionarios hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados
a informar a la prensa. Horas después del ataque, al-Abadi
visitó el lugar de la explosión cuando una muchedumbre furiosa rodeó la
caravana de vehículos en la que viajaba para insultarlo, lanzarle piedras y
zapatos y llamarle “ladrón”.
En un comunicado emitido el domingo en la noche, al-Abadi
ordenó la retirada de un polémico servicio de detección de explosivos y la
reapertura de una investigación sobre la compra de las varitas electrónicas de
fabricación británica, conocidas como ADE 651s.
Al-Abadi ordenó también la colocación de sistemas de
rayos X en las entradas de las provincias. Pidió que se mejore el cinturón de
seguridad de la ciudad, un aumento de la vigilancia aérea, que se refuercen los
esfuerzos de la inteligencia y que la responsabilidad se reparta entre varios
cuerpos de seguridad.
Funcionarios iraquíes y extranjeros han vinculado el
reciente incremento de ataques del grupo Estafo Islámico — especialmente de
atentados suicidas a gran escala — con una serie de derrotas en batallas en
otras zonas del país durante el último año.
Fuerzas de seguridad iraquíes, respaldadas por ataques
aéreos de la coalición liderada por Estados Unidos, lideraron las ciudades de
Tikrit, y Ramadi, y la capital de la provincia de Anbar, del mismo nombre.
También en Anbar, fuerzas de Bagdad recuperaron el control de Fallujah hace
poco más de una semana.
En su momento de más poder, en el 2014, la milicia
radical arrebató a Bagdad el control de casi un tercio del país. Ahora se
calcula que los extremistas controlan solo 14% del territorio iraquí, de
acuerdo con la oficina del primer ministro del país. El grupo manda todavía en
Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, así como en importantes
territorios en el norte y el oeste.


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