Escrito por
La Redacción.
julio 18, 2016
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| El sombreadfo en rojo es el estado de Ohio |
Historiadores y politólogos coinciden en que se debe a su diversidad. Desde
su formación, incluso antes de constituirse como estado en 1803, ha sido hogar
de inmigrantes de todo el país y ha acogido diferentes culturas políticas sin
llegar a ser dominado por ninguna.
Cleveland.- La Convención Republicana se celebra
en Ohio, un estado industrial del Medio Oeste convertido en barómetro electoral
desde hace más de un siglo: quien ganó allí fue presidente en 28 de los últimos
30 comicios y ningún conservador llegó a la Casa Blanca sin hacerse con sus 18
votos electorales.
El viejo dicho popular “As Ohio goes, so goes the
nation” (“Como va Ohio, va la nación”) ha demostrado ser cierto los últimos 116
años, en los que sus resultados solo se han desviado en tres ocasiones más de
cinco puntos de la media nacional.
El mito de Ohio se sustenta en la estadística: tiene
el mejor historial de los 50 estados en el voto por el candidato ganador, sus
resultados siempre son muy parecidos a la media nacional y ha dado votos
electorales (que se asignan en función de la población) decisivos al ganador
más veces que ningún otro estado competitivo.
Por eso cada cuatro años la nación entera mira a su
“bellwether” Ohio, un término que puede traducirse como “barómetro” pero
también como “carnero que guía al rebaño”.
La pregunta inmediata es por qué un estado que ‘a
priori’ puede parecer no tener nada de especial es un referente en la política
estadounidense desde hace más de un siglo.
Historiadores y politólogos coinciden en que se debe a
su diversidad. Desde su formación, incluso antes de constituirse como estado en
1803, ha sido hogar de inmigrantes de todo el país y ha acogido diferentes
culturas políticas sin llegar a ser dominado por ninguna.
A Ohio muchos lo consideran “el primer estado
verdaderamente estadounidense” porque se formó con grupos de las Trece Colonias
británicas, un origen del que heredó una diversidad regional y cultural que aún
conserva: ninguna ciudad, zona o industria domina sobre las otras.
Todos los grandes cambios sociales que ha
experimentado la nación también se han vivido en Ohio: la urbanización, la
llegada de inmigración europea o el crecimiento de la población negra
procedente del sur del país.
Orgullosos de este legado, en los carteles turísticos
de los años ochenta y noventa del siglo XX el eslogan era “Ohio, the heart of
it all” (“Ohio, el corazón de todo”).
Kyle Kondik, en su libro “The Bellwether. Why Ohio
Picks the Presidente” (“El barómetro. Por qué Ohio elige al presidente”),
define a Ohio como un mercado muy codiciado donde los políticos, pero también
las empresas, van a probar sus productos porque su demografía representa a la
de la nación.
“Si el producto no se vende en Ohio, difícilmente se
venderá en el resto del país”, apunta.
Ohio es tradicionalmente más republicano que la nación
en su conjunto, pero su voto para los dos partidos no se ha desviado más de
tres puntos de la media nacional en ningunas elecciones desde que terminó la
Segunda Guerra Mundial (1945).
El área más favorable al Partido Demócrata es el
condado de Cuyahoga, donde está Cleveland, y zonas aledañas como el condado de
Summit, donde está Akron (ciudad natal de la estrella del baloncesto y héroe
local LeBron James).
Esa zona aporta alrededor de un 30 por ciento de todos
los votos para los demócratas en un estado que el actual presidente
estadounidense, Barack Obama, ganó dos veces seguidas porque obtuvo muy buenos resultados
en Columbus, capital y la ciudad más grande, con unos 780.000 habitantes.
Ohio tiene un porcentaje de población afroamericana
muy similar a la del país en su conjunto (12,6 % frente al 13,2 %, según el
Censo), por lo que la movilización y al apoyo del electorado negro es
fundamental para que un candidato demócrata gane en el estado.
Los republicanos, que nunca han llegado a la Casa
Blanca sin ganar en Ohio, tienen su nicho de votos en el sur del estado, en las
áreas rurales y en los condados de la región de los Apalaches, donde el
aspirante presidencial republicano, Donald Trump, arrasó en las primarias
gracias al entusiasmo que su campaña ha despertado entre el votante blanco de
clase trabajadora.
Ohio se ha demostrado un barómetro para las presidenciales
pero no para el proceso de primarias, de manera que los expertos no creen que
el haber perdido esa votación frente al gobernador, John Kasich, sea indicativo
de si el magnate puede o no llevarse los 18 votos electorales de este estado
clave el 8 de noviembre.
Sobre si Ohio seguirá siendo el “bellwether” de la
nación, hay opiniones contradictorias. En contra tiene que su población hispana
y asiática no crece al ritmo que crece la del resto del país, con porcentajes
del 3,5 % frente al 17,4 % en el primer caso y del 2 % frente al 5,4 % en el
segundo.
A su favor tiene el haber ido mejorando con los años:
en las últimas 15 elecciones se ha acercado más a la media nacional que en las
15 anteriores. Y también que en un EE.UU. cada vez más polarizado los pocos
estados que, como Ohio, están al alcance de ambos partidos cobran cada vez más
valor.


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