Escrito por
La Redacción.
julio 10, 2016
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Se han llevado a cabo refugios similares, como albergues flotantes en
Colombia, pero este es el primer albergue portátil existente en su categoría, y
fabricado con "tecnología panel sandwich", una estructura hecha con
dos placas metálicas entre las que se coloca poliestileno (foam).
Santo Domingo.- La República Dominicana está
luchando por ganar la carrera a los efectos del cambio climático con una
apuesta decidida y firme por la gestión de riesgos, una apuesta casi obligada
por la vulnerabilidad derivada de su situación geográfica y de la creciente
desigualdad social de su población.
Las autoridades son conscientes de la importancia de
estar preparados para atender a los afectados ante posibles desastres naturales
y de contar con planes de contingencia, infraestructuras y equipos tan
novedosos como un albergue desmontable, una iniciativa pionera presentada hoy
en el país por el consorcio Oxfam-Plan International-Habitat para la Humanidad.
La provincia San Cristóbal (al oeste de Santo Domingo)
es la primera del mundo que cuenta con este tipo de refugio desarrollado por el
consorcio Oxfam-Plan International-Habitat para la Humanidad, según explicó el responsable de Acción Humanitaria de Oxfam en el país, Carlos Arenas.
Se han llevado a cabo refugios similares, como
albergues flotantes en Colombia, pero este es el primer albergue portátil
existente en su categoría, y fabricado con “tecnología panel sandwich”, una
estructura hecha con dos placas metálicas entre las que se coloca poliestileno
(foam).
El resultado es un refugio “muy resistente, que aisla
del calor, que aguanta el fuego y vientos equivalentes a un huracán de
categoría 3, que es muy ligero”, y que los propios miembros de una comunidad,
con un entrenamiento previo, pueden montar aproximadamente en un día o día y
medio, directamente sobre una superficie lisa, explica Arenas.
Frente a las típicas tiendas de campaña que se suelen
montar en emergencias, ofrecen mucha más seguridad a la población, que se
siente más protegida porque da “más sensación de robustez”.
Dadas la virtudes del albergue portátil, el director
ejecutivo de la Defensa Civil dominicana, Rafael Emilio de Luna Pichirilo,
anunció el propósito del gobierno de reproducir esta estructura para llevarla a
otras comunidades, y las réplicas que decida hacer el Estado se harán en
fábricas nacionales.
Para Arenas, este es un gran paso, “cómo las
autoridades aprenden y toman para sí las acciones en las que trabajamos las
distintas organizaciones”, y reconoció que “en los últimos años se ha visto una
apuesta del Estado por la gestión de riesgos”.
Sin embargo, “también es verdad que es por el
incremento del impacto de este tipo de fenómenos”, y es que se ha pasado de un
desastre natural cada 3 años en los 90, según datos del Banco Mundial, a dos
eventos de este tipo en un mismo año, con unos efectos devastadores sobre la
economía.
Los denominados pequeños estados insulares en
desarrollo están especialmente expuestos a los desastres naturales porque
tienen ante sí una serie de desafíos que no tienen otros países, por ejemplo,
los relativos a la gestión del agua y porque están en el corredor de los
huracanes, explica el responsable de Acción Humanitaria de Oxfam.
Un ejemplo es la República Dominicana, donde, además,
“las desigualdades y el empobrecimiento van en aumento”, lo que “hace
necesarios proyectos como este” para garantizar una adecuada atención a la
población en caso de que sea necesario.
“No es solo por salvar vidas, lo que constituye un
mandato para cualquier estado, sino también es por un tema de economía y de
desarrollo sostenible, un punto del que no podemos hablar si no hay un trabajo
para reducir los riesgos y para aumentar la protección social de la población
más empobrecida”, señala.
En República Dominicana hay un amplio censo de
albergues, pero el 55 por ciento son escuelas, y utilizarlas para alojar a los
damnificados choca con el derecho a la educación de los niños en edad escolar,
así que no es lo más apropiado. Lo preferible es que los desplazados se alojen
con familias o amigos, pero contando con la ayuda del Estado en cuestiones de
higiene y alimentación.
Sin embargo, hay zonas muy masificadas, como el Gran
Santo Domingo, donde estas estructuras van a ser fundamentales para dar refugio
a los afectados por un desastre, garantizando la protección humanitaria y la
dignidad.
En este sentido, Arenas destaca que, en ocasiones, en
estos contextos se producen abusos, pero la distribución de estos refugios
ubica por separado a los hombres solteros de las familias y de las madres
lactantes. Hasta la orientación de los baños está pensada para garantizar la
protección de los segmentos sociales más vulnerables.
La fabricación y la implementación de un albergue
portátil tiene un costo de entre 30.000 y 40.000 euros, una cantidad que para
Arenas no es excesivamente elevada, especialmente si se tiene en cuenta el
índice de amortización de la estructura, que tiene una vida útil de unos 30
años.
En el caso de este primer albergue portátil, la
financiación ha corrido a cargo de la Unión Europea en un 85 por ciento,
asumiendo el resto el consorcio Oxfam-Plan International-Habitat para la
Humanidad, que ya ha recibido mensajes de varios países interesándose por su
iniciativa.


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