Escrito por
La Redacción.
julio 28, 2016
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| Barack Obama e Hillary Clinton |
FILADELFIA, ESTADOS UNIDOS.- El mando del Partido Demócrata
cambió de manos entre este miércoles por la noche cuando Hillary Clinton subió
al escenario junto a Barack Obama y ambos se abrazaron mientras miles de
personas aplaudían en pie.
“Gracias por este viaje increíble”, acababa de decir
el todavía presidente en el pabellón de Filadelfia donde se celebra la
convención demócrata. Era el principio del fin de una época, los dos mandatos y
ocho años de Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos. “Que
continúe”.
El abrazo selló el traspaso de poderes entre Obama y
la candidata demócrata, su antigua secretaria de Estado, que aspira a sucederle
tras las elecciones presidenciales de noviembre. En un discurso muy patriótico,
en el que citó al icono republicano Ronald Reagan, Obama contrapuso su visión
optimista de un país que progresa, pese a las dificultades, con la visión tenebrosa del candidato del Partido Republicano ante
Clinton, Donald Trump.
Obama presentó a Clinton, su rival en las primarias
demócratas de 2008, como la mejor garante de que su legado —la reforma
sanitaria, el crecimiento económico y la reducción del desempleo, el
multilateralismo en política internacional— se preservará. Confía en ella,
explicó, porque la ha visto trabajar y sabe que, desde el primer día, estará
lista para ejercer de comandante en jefe. Ve en Clinton la candidata que
conecta con los ideales americanos que Trump vulnera con su retórica xenófoba y
su nostalgia de una nación que nunca existió.
Barack Obama, el 44º presidente de los Estados
Unidos, es también el primer afroamericano en ocupar el puesto. Haz clic para
saber más sobre este líder. En la imagen, le vemos con su mujer Michelle Obama
y sus hijas Malia (izquierda) y Sasha (derecha).
Lo que está en juego, en opinión del presidente, es
más que una alternativa entre dos partidos con programas distintos: EE UU
afronta en noviembre una decisión no entre izquierda y derecha sino casi
existencial, en la que están en juego los valores norteamericanos e incluso la
democracia. De un lado, argumenta Obama, una política experimentada y fiable: más que ningún otro candidato en la historia, dijo.
Del otro, un magnate excéntrico, muy alejado de la
idea de EE UU como país diverso e incluyente que tiene el optimismo en su ADN.
Un hombre que "sólo ofrece eslóganes y miedo", un "demagogo
autóctono" que ha despreciado a las fuerzas armadas, que elogia al
presidente ruso Vladímir Putin y al dictador iraquí Sadam Hussein, y que
amenaza con abandonar las alianzas internacionales. Un “salvador autodeclarado
que promete que él sólo restaurará el orden", dijo Obama, algo que,
continuó, pone en peligro los valores democráticos de EE UU pero que está
abocado al fracaso.
Obama vaticina que Trump perderá en noviembre porque
no entiende EE UU y menosprecia al pueblo norteamericano. "No somos un
pueblo frágil y miedoso", dijo.
Los discursos de Trump, la semana pasada en la
convención republicana que le coronó en Cleveland, y el de Obama en Filadelfia
son la historia de dos países, o mejor, de dos galaxias distantes y sin puntos
de conexión. Buena parte del discurso de Obama fue un intento de desmontar el
retrato apocalíptico de EE UU como una "escena del crimen" y un país
dividido, en vez de "la ciudad brillante sobre la colina" que en su
discurso de despedida, en enero de 2009, citó Reagan.
Obama dijo que "el resentimiento, y la culpa, y
la irritación, y el odio" que se escucharon en Cleveland no tienen nada
que ver con los Estados Unidos reales. "Esta no es la América que
conozco", dijo. Y reivindicó un americanismo, un patriotismo
norteamericano, en el que la humildad y la cortesía, la amabilidad y el
respeto, sean valores esenciales, capaces de atraer y congregar a personas de
todo el mundo, valores no exclusivos de ninguna etnia.
"Con los años, América ha cambiado. Pero estos
valores que mis abuelos me enseñaron no han desaparecido. Son tan fuertes como
siempre, todavía apreciados por personas de todos los partidos, razas y
fes", dijo tras evocar a su familia materna, blancos de Kansas que
emigraron a Hawái y que por su origen geográfico y su perfil racial podrían
asimilarse a los votantes de Trump.
"Lo que nos hace americanos es lo que está
aquí", dijo señalándose el corazón. "Por eso cualquier persona que
amenace nuestros valores, sean fascistas o comunistas o yihadistas o demagogos
autóctonos, al final siempre fracasará".
El mensaje de Obama: Trump denigra EE UU cuando dice
que ha dejado de ser un gran país, y con Trump, el partido de la patria y la
bandera, el del llamado excepcionalismo americano, ha dejado de ser el Partido
Republicano y hoy es el Partido Demócrata.
Hillary Clinton, que este jueves
aceptará la nominación, es la encargada de liderarlo. "Tengo confianza en
que, mientras abandono el escenario esta noche, el Partido Demócrata está en
buenas manos"




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