Escrito por
La Redacción.
julio 14, 2016
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Mujeres haitianas buscan que los agentes se hagan responsables y amenazan
con presentar una demanda.
PORT SALUT, Haití.- La primera vez que Rosa Mina Joseph se encontró
con Julio César Posse, él estaba descansando vestido de civil en la playa de su
localidad natal en el sur de Haití, donde estaba destinado como miembro de la
misión de paz de Naciones Unidas.
En cuestión de semanas, recuerda, el marine uruguayo
aparecía cada fin de semana en la chabola de su familia, prometiéndole su amor
en español y criollo.
Casi un año después, cuando terminó su rotación, Posse
regresó a su país. En Haití dejó a Joseph, una joven de 17 años con el corazón
roto y un bebé sin recursos para mantenerlo más allá de la ayuda de su modesta
familia.
"Me prometió que se casaría conmigo y se haría
cargo de mí", dice una llorosa Joseph, quien ahora tiene 22 años, en una
entrevista reciente en la casa de su madre en Port Salut, una localidad en el
extremo suroeste de Haití.
Tras años de creciente frustración, ella y varias
madres más de hijos de los conocidos como cascos azules dicen que presentarán
demandas de manutención contra los ausentes padres y Naciones Unidas.
El abogado haitiano especializado en derechos humanos
Mario Joseph dijo que presentará las demandas civiles en Haití este mes.
El despacho de Joseph está vinculado también a una
demanda de alto perfil en nombre de 5.000 víctimas del cólera que culpan a la
ONU de introducir la enfermedad en el país.
Un comité de apelaciones federal estadounidense en
Nueva York está valorando si la demanda puede seguir adelante o si la ONU tiene
inmunidad.
La ONU desplegó una misión de paz en Haití en 2004
para mantener el orden tras una violenta rebelión que derrocó al presidente
Jean-Bertrand Aristide.
Desde entonces, algunos cascos azules han sido
acusados de violación y otros abusos, de uso excesivo de la fuerza y de
introducir involuntariamente el cólera en el país por un saneamiento inadecuado
en la base empleada por los soldados de Nepal.
Rosa Mina Joseph dijo que recibió un sobre con 300
dólares en efectivo de Naciones Unidas hace dos años, cuando se estableció la
paternidad del niño, nacido en 2011. Tuvo que abandonar la escuela para cuidar
del pequeño y su sueño de convertirse en enfermera se esfumó.
Posse le envió una vez 100 dólares desde Uruguay,
explicó, algo que nunca más se repitió.
Aunque Joseph era menor de edad cuando tuvo a su hijo,
los posibles cargos penales contra el marine podrían enfrentar complicados
obstáculos legales: los cascos azules no pueden ser procesados en los países en
los que sirven según tratados internacionales.
The Associated Press no acostumbra a identificar a las
víctimas de abusos sexuales, pero Joseph dio su autorización siempre y cuando
no se publique una fotografía de su cara.
"Quiero que asuma la responsabilidad de ocuparse
de su hijo porque yo no puedo hacerlo sola", dice en el patio donde pasa
los días haciendo la colada y cocinando.
La misión de Naciones Unidas en Haití tiene
actualmente 4.899 efectivos uniformados — una mezcla de soldados y policía
civil — de más de una docena de países.
Esto supone un descenso con respecto a los 13.000
cascos azules que había tras el devastador terremoto de 2010.
Ghandi Shukry, jefe de la Unidad de Conducta y
Disciplina de la misión de la ONU, conocida por su acrónimo en francés
MINUSTAH, dijo que la ONU recibió 29 demandas de paternidad sobre Haití.
De las reclamantes, 18 han sido catalogadas como
"víctimas" por el ente porque están recibiendo algún tipo de apoyo.
"No estamos ante una oleada de demandas recientes
de paternidad. Son casos antiguos", dijo Shukry, destacando que las
relaciones sexuales de cualquier tipo entre cascos azules y residentes están
prohibidas.
El funcionario de la ONU confirmó que Joseph y otras
tres mujeres de Port Salut representadas por el abogado lograron determinar la
paternidad de sus hijos tras análisis de ADN realizados en 2014 de muestras de
las madres, los soldados y los pequeños. Declinó comentar cualquiera de los
casos en concreto.
Dos miembros de su unidad mantienen contacto habitual
con las mujeres de Port Salut. La MINUSTAH también puso a las mujeres en
contacto con un representante militar uruguayo, agregó, ya que los países que
contribuyen con soldados a la ONU tienen que investigar las denuncias y decidir
cómo proceder con las demandas de paternidad.
Las mujeres de Port Salut dicen sin embargo que el
contacto con el personal de la ONU o el representante militar de Uruguay es
raro y generalmente desconcertante.
Un informe del secretario general de la ONU, Ban
Ki-moon, en 2015 reconoció que hay "numerosos obstáculos para hacer que se
reconozca la paternidad y obtener ayudas para los hijos del personal de
Naciones Unidas, hayan nacido como resultado de explotación o abusos sexuales o
no".
El personal uniformado de la MINUSTAH tiene ahora
vetado salir de las bases en solitario o vistiendo ropa civil y las normas de
la misión cambiaron en los últimos años para impedir cualquier fraternización.
"No solo las relaciones sexuales están prohibidas, incluso mantener
relaciones normales con la población local está prohibido", apuntó Shukry.
El portavoz de la Marina uruguaya, el capitán Gastón
Jaunsolo, reconoció que ha habido un pequeño número de demandas de paternidad y
apuntó que los soldados hallados culpables y sancionados no pueden participar
en misiones de paz.
Confirmó que Posse sigue en la Marina y señaló que los
militares tienen prohibido hablar con la prensa sin autorización. El número de
teléfono que aparecía bajo el nombre de Posse en un listín estaba fuera de
servicio. Su perfil en una red social dice que está buscando una mujer joven de
entre 18 y 25 años para comenzar una familia.
El ejército uruguayo envió un comunicado a AP diciendo
que desde 2011 ha enviado casi 3.000 soldados a Haití y en este tiempo recibió
cuatro demandas de paternidad.
Una de las pruebas de AND fue positiva, agregó
la nota, apuntando que no recibió más reclamaciones desde 2014. El soldado cuya
paternidad se confirmó fue sancionado pero no expulsado del cuerpo.
Mientras, las mujeres que enfrentan problemas para
criar a sus hijos en Port Salut sobreviven con la ayuda de sus familias. A
veces, sus hijos son objeto de burlas de otros menores que les llaman
"bebés de la MINUSTAH" o les preguntan por sus padres.
"Cuando sea mayor encontraré una forma para
explicarle las cosas. Por ahora, lo único que puedo decir que el su padre no está
aquí", dijo Joseph sosteniendo una fotografía en la que aparece posando
con Posse en la fiesta de su 17 cumpleaños, que tiene un corazón dibujado en el
reverso con las palabras "Osemina y Julio".


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