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sábado, 14 de mayo de 2016

Ruta crítica Mayo’15: A cien años de invasión de Estados Unidos en 1916


Acorazado (barco) de los Estados Unidos que intervino
en la ocupación de la República Dominicana en 1916.

Con la ocupación militar a la República Dominicana, Estados Unidos puso de manifiesto su vocación imperial.

SANTO DOMINGO.- Después del gobierno de Ramón Cáceres, el país pasó por una gran crisis en todos los sectores, principalmente en los políticos y económicos, produciento esto marcada inestabilidad política y un enorme endeudamiento, que acrecentó la deuda externa. 

Debido a esto Estados Unidos ocupó el territorio dominicano, alegando la violación del artículo III de la Convención de 1907, en el que se establecía que el país no podía aumentar su deuda externa sin el consentimiento de los Estados Unidos.


Cuando el 13 de mayo de 1916 el contraalmirante William Banks Caperton obligó al general Desiderio Arias, secretario de Guerra de la República Dominicana, a abandonar Santo Domingo bajo la amenaza de bombardear la base naval de la ciudad, los Estados Unidos abrían la puerta al inicio, el día 16, de la invasión y ocupación militar de la República Dominicana, que se extendería hasta el año 1924.

La amenaza de Banks Caperton fue una manifestación explícita de la vocación imperial de Estados Unidos, y la invasión fue solo una de las tantas protagonizadas no solo en el continente América, sino en otras partes del mundo, y tenía como trasfondo la Doctrina del Destino Manifiesto. Destino Manifiesto es una frase e idea que expresa la creencia en que Estados Unidos es una nación destinada a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico.

Y exactamente, tres días después que el general Desiderio Arias abandonara el país, un contingente del Cuerpo de Marines de Estados Unidos inició el desembarco por el muelle de Haina y en dos meses tomó el control de todo el territorio nacional.

En noviembre de ese año impuso un gobierno militar bajo el mando del contraalmirante Harry Shepard Knapp.

Las tropas militares de los Estados Unidos desembarcaron simultáneamente, por las ciudades de Montecristi y Puerto Plata, en donde se produjeron algunos combates con las fuerzas dominicanas dirigidas por el general Desiderio Arias, pero sus esfuerzos fueron en vano, debido a que las tropas estadounidenses se situaron en todos los alrededores de Santiago y obligaron al caudillo a tomar el exilio.

El gobernador de Puerto Plata, Apolinar Rey, se rehusó a entregar la ciudad y enfrentó a los intervencionistas en El Aguacate, donde el capitán Max Cabral murió junto con con 90 hombres.

El descontento dominicano se expresó de diferentes maneras: los ciudadanos colocaban crespones negros en sus viviendas.

Los combates en la región del Cibao se conocen como Batalla de La Barranquita, debido a que fueron escenificados en esos alrededores, bajo la dirección del general Carlos “Carlitos” Daniel, en el cual perecieron más de 20 integrantes de la fuerza armadas del país.

Los gavilleros.- Pero los marines se impusieron en la mayor parte de la República, con excepción de la región oriental, donde un movimiento guerrillero conocido como los “gavilleros” contó con el apoyo de la población en las provincias orientales de El Seibo y San Pedro de Macorís, destacándose Gregorio Urbano Gilbert.
También en la Línea Noroeste estos encontraron resistencia. Por su parte, los sectores urbanos, organizados en la Unión Nacional Dominicana, lucharon por la “desocupación pura y simple”.

Estos insurgentes, con un gran conocimiento del terreno local, lucharon contra la ocupación de Estados Unidos desde 1917 hasta 1921.

Plan Harding.- Después de la Primera Guerra Mundial, la opinión pública en Estados Unidos comenzó a manifestarse en contra de la ocupación. Warren G. Harding, quien sucedió a Wilson en marzo de 1921, había hecho campaña contra las ocupaciones de Haití y la República Dominicana.

En junio de 1921, representantes de Estados Unidos presentaron una propuesta de retirada, conocida como el Plan Harding, que abogaba por la ratificación dominicana de todos los actos del gobierno militar, la aprobación de un préstamo estadounidense de $2.5 millones de dólares para obras públicas y otros gastos, la aceptación de los oficiales de la policía creada por los estadounidenses o Guardia Nacional y la celebración de elecciones bajo la supervisión de los Estados Unidos. La reacción popular al plan fue abrumadoramente negativa.

Plan Hughes-Peynado.- Algunos líderes dominicanos, sin embargo, utilizaron el plan como base para nuevas negociaciones que terminaron en un acuerdo entre el Secretario de Estado de Estados Unidos Charles Evans Hughes y el embajador dominicano en Estados Unidos Jacinto Bienvenido Peynado el 30 de junio de 1922.

Este acuerdo permitió la selección de un presidente provisional para gobernar hasta que las elecciones pudieran ser organizadas. Bajo la supervisión del Alto Comisionado Sumner Welles, Juan Bautista Vicini Burgos asumió la presidencia provisional el 21 de octubre de 1922.

En las elecciones presidenciales del 15 de marzo de 1924, Horacio Vásquez Lajara, antiguo aliado y colaborador de los Estados Unidos, derrotó a Peynado.
El Partido Alianza, de Vásquez, también obtuvo una cómoda mayoría en ambas cámaras del Congreso. Con su ascenso al poder el 12 de julio, el control de la república regresó a manos dominicanas, cuando la bandera de los Estados Unidos descendió de la Torre del Homenaje, en la Fortaleza Ozama, y ese día comenzó la salida de las tropas.

Consecuencias.- A consecuencia de la ocupación, el presupuesto del país se equilibró, se disminuyó la deuda externa y se retomó el crecimiento económico.
También organizó el catastro nacional mediante el Sistema Torrens y creó la “Guardia Nacional”, una organización militar profesional que sustituyó a las fuerzas partidistas de carácter caudillista que habían librado una lucha interminable por el poder.

A pesar de la retirada de las tropas de ocupación, se mantuvo la preocupación respecto a la recaudación y uso de los ingresos aduaneros del país. Para solucionar este problema, representantes de Estados Unidos y del gobierno de República Dominicana se reunieron en una convención y firmaron un tratado el 27 de diciembre de 1924, mediante el cual se cedió a Estados Unidos el control sobre los ingresos aduaneros del país.

“América es para los americanos”.- Uno de los ejemplos más claros de la influencia del concepto de Destino Manifiesto se puede apreciar en la declaración del presidente Theodore Roosevelt en su mensaje anual de 1904, cuando dijo: “Si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de los Estados Unidos. La injusticia crónica o la importancia que resultan de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada pueden exigir que, en consecuencia, en América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y, en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe (basada en la frase «América para los americanos») puede obligar a los Estados Unidos, aunque en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer un poder de policía internacional”.

Plan Hughes-Peynado abrió las puertas del fin.- En el “Manual de Historia Dominicana”, Frank Moya Pons dice que habiendo el presidente estadounidense Warren Gamaliel Harding manifestado la necesidad y el deseo de desocupar el país, debido a la enorme carga económica que representaba, en 1922 el abogado Francisco J. Peynado se trasladó a Washington en busca de un entendido para la salida de las tropa, arribándose a un plan consensuado por Peynado y el Secretario de Estado Charles Evans Hughes, el cual se llamó “Plan Hughes-Peynado”. El plan consistía en instalar un presidente provisional, escogido por los principales líderes políticos y el Arzobispo de Santo Domingo, y este gobierno prepararía la legislación apropiada para regular la celebración de elecciones y reorganizar el régimen municipal y provincial. 
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