Escrito por
La Redacción.
mayo 22, 2016
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Donald Trump e Hillary Clinton
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Washington.- Mientras el Partido Republicano
asiste a una fuerte división interna tras la aplastante victoria de Donald
Trump en las urnas, los demócratas viven una situación similar, pero a la
inversa, con un partido unido en torno a Hillary Clinton, pero un electorado
dividido que también defiende a Bernie Sanders.
El magnate inmobiliario, que ha roto todo pronóstico,
se ha hecho con la virtual nominación de su partido con indiscutibles victorias
a lo largo y ancho del país, una candidatura que consolidó después de ganar por
un amplio margen hace dos semanas en Indiana, provocando la salida de sus dos
últimos rivales, el senador por Texas Ted Cruz y el gobernador por Ohio, John
Kasich.
No obstante, pese a ser el ganador incontestable entre
los votantes republicanos, movilizando al electorado conservador como no se
había visto en décadas, el problema de Trump está dentro del partido al que
representa, donde encuentra grandes escollos entre la vieja guardia
republicana.
Pese a que el presidente del Comité Nacional
Republicano (RNC, en inglés), Reince Priebus, y el líder de la mayoría
republicana en el Senado, Mitch McConnell, se apresuraron a erigirse junto al
magnate, grandes pesos pesados del aparato del partido como los expresidentes
Bush, padre e hijo, o el propio excandidato a la Casa Blanca en 2012, Mitt
Romney, se han negado a hacerlo.
Asimismo, y aunque ya ha habido entre ambos una
primera toma de contacto, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul
Ryan, aún se resiste a hacer oficial su apoyo al magnate, algo que ocurre
también entre otros muchos legisladores que temen perder su escaño en el
Congreso si se ponen del lado de Trump.
Algo paradójicamente opuesto ocurre con el Partido
Demócrata, donde la exsecretaria de Estado cuenta con el respaldo incondicional
de sus correligionarios, pero sigue batallando en las primarias con el senador
por Vermont, quien continúa granjeándose victorias como la de esta semana en
Oregón, que legitiman su candidatura.
Aunque los números no están a favor de Sanders y la
nominación parece asegurada para Clinton gracias a los llamados
“superdelegados”, representantes demócratas que pueden dar su apoyo al
candidato que ellos consideren en la convención de julio, el senador no ceja en
su empeño de continuar en campaña, aupado por sus seguidores.
De hecho, Clinton ha ganado 1.768 delegados a través
del voto popular, mientras que el senador se ha hecho con 1.494, unas cifras
que reflejadas en el mapa se resuelven con casi un empate técnico en el número
de estados que han caído de lado de uno y otro candidato en lo que llevamos de
campaña.
La persistencia de Sanders de continuar en liza, pese
a tener casi imposible a la nominación, ha elevado la preocupación de los
líderes demócratas, quienes temen que una prolongada batalla entre ambos
desgaste a Clinton en su lucha final con el multimillonario.
Y es que el senador que se autoproclama socialista
democrático y ha llamado a “la revolución política”, ha atraído la atención del
electorado más joven y de un segmento demográfico al que la exsecretaria de
Estado no ha sido capaz de ilusionar.
Tanto es así que muchos expertos apuntan a que un
porcentaje de los votantes de Bernie Sanders, motivados por cambiar el sistema
de clases y acabar con los parámetros establecidos que han decepcionado al país
en los últimos años, votarán por Trump en caso de que el senador no se haga con
la nominación demócrata.
La polarización y la división sobrevuelan pues en este
periodo electoral estadounidense, un momento en el que parece que el deseo de
los ciudadanos y el de los partidos políticos tienen por destino no cruzarse.


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