Escrito por
La Redacción.
marzo 05, 2016
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MEXICO.- Tras muchos
meses de incomodo silencio, la paciencia del Gobierno mexicano ante los ataques
del precandidato republicano estadounidense Donald Trump parece comenzar a
colmarse, a tenor de algunas declaraciones oficiales en las que subyace el
hartazgo de México de los estigmas que recibe del vecino del norte.
Una alta fuente gubernamental
mexicana revelaba esta semana en un encuentro con corresponsales extranjeros
que “más allá de los posicionamientos mediáticos de alguno u otro candidato, lo
que se está diciendo de México” en la campaña electoral en EE.UU. “no es lo
adecuado” y “no refleja lo positivo de la relación” bilateral.
Incluso opinaba que el discurso
beligerante de Trump, en caso de ser candidato, va a cambiar a medida que se
acerquen los comicios por “la propia dinámica de la contienda electoral”.
Más lejos ha ido el secretario de
Hacienda, Luis Videgaray, al afirmar el jueves que “bajo ninguna circunstancia”
México pagará el muro fronterizo que el magnate estadounidense prevé construir
si llega a la Casa Blanca, ampliando las actuales vallas existentes en algunos
puntos de los 3.000 kilómetros de frontera común.
“Lo digo enfáticamente: no hay un
escenario en el cual México pagaría por ese muro”, exclamó Videgaray en una
entrevista televisiva.
Pésima idea.- “Es una pésima
idea, es una idea absurda que se basa en la ignorancia y que no tiene sustento
en la realidad de la integración de América del Norte”, argumentó.
El Ejecutivo mexicano no esconde
que ha realizado cambios en sus consulados en EE.UU. para impulsar una campaña
que cambie la visión del país existente al otro lado de la frontera.
Pese a que admite que cuando
terminen las primarias iniciará contactos con los candidatos finales a la Casa
Blanca, incluido Trump, si resulta uno de ellos, no hay duda en resaltar la
“inviabilidad” de sus propuestas, que incluyen un boicot comercial, además de
la férrea política antimigratoria.de soltar “una grosería”, como contó esta
semana el Gobierno en el citado encuentro con periodistas foráneos.
No lo hacen únicamente porque
consideran que solo serviría para “llenar ocho columnas de un diario”.
El Ejecutivo mexicano no esconde que ha realizado cambios en sus
consulados en EE.UU. para impulsar una campaña que cambie la visión del país
existente al otro lado de la frontera
Entre otras cosas, porque el
intercambio comercial bilateral genera un millón de dólares por minuto y porque
difícilmente se pueden revertir veinte años de una integración productiva.
Al respecto Videgaray opinó que
“México es un aliado fundamental para Estados Unidos y Estados Unidos es un
aliado fundamental para la competitividad de la economía mexicana”.
“Lo que necesitamos es invertir
ambas naciones en mejor infraestructura fronteriza, en mejores puentes, en más
instalaciones aduaneras, en ampliar los carriles”, apuntó.
Este año -recalcó- se han
inaugurado tres nuevos cruces limítrofes, uno de ellos el primero de tipo
ferroviario en más de cien años.
Antes de estas posturas
oficiales, las principales reacciones de personalidades mexicanas a la escalada
verbal de Trump procedieron de expresidentes, como Vicente Fox (2000-2006) o
Felipe Calderón (2006-2010), que no se quedaron cortos y lo llegaron a comparar
con Adolf Hitler.
No puede
oponerse.- En opinión de uno de los exsecretarios de Exteriores de Fox, Jorge
Castañeda, “México no puede oponerse” a que gane “pero puede aclarar las consecuencias
de una victoria basada en posiciones como las que ha esgrimido”.
En un artículo en el diario
Milenio, Castañeda sostiene que “seguir callados es ineficaz, indigno e
imposible”, con el argumento de que aquellos que mantenían que “contestarle es
hacerle publicidad” es “absurdo”.
Trump “ha conseguido colocarse
puntero en la contienda sin gastar casi nada” en materiales promocionales, ya
que “ha dominado de manera cotidiana el ciclo de noticias desde junio” pasado,
remarca.
En un amago de disculpa más
parecido a un mensaje interno para el electorado de su país, el vicepresidente
de EE.UU., Joseph Biden (demócrata), criticó en México el discurso del magnate
por “peligroso y dañino”, y tuvo que aclarar que “no representa las opiniones
de la vasta mayoría de los estadounidenses”.
Lo hizo ante el presidente
Enrique Peña Nieto, que permanece silencioso pese a que sus allegados no
esconden las ganas de soltar “una grosería”, como contó esta semana el Gobierno
en el citado encuentro con periodistas foráneos.
No lo hacen únicamente porque
consideran que solo serviría para “llenar ocho columnas de un diario”.


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