Escrito por
La Redacción.
marzo 06, 2016
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SANTO DOMINGO.-
La falta de iluminación, la alta criminalidad y el deterioro de sus parques,
monumentos y plazas han convertido el malecón en una vergüenza para los
capitaleños, a pesar de los atractivos históricos y culturales que posee.
La oscuridad y la ausencia casi
total de vigilancia policial y la constante circulación de vehículos pesados
convierten la avenida George Washington en una de las más peligrosas vías de la
ciudad de Santo Domingo.

El descuido de las autoridades
municipales y gubernamentales se evidencia a cada paso, a pesar de que las
aguas del mar Caribe y operación de grandes cadenas hoteleras y restaurantes en
la zona, hacen del malecón uno de los puntos turísticos más importantes. Ningún
visitante extranjero quiere marcharse del país sin visitar el emblemático
malecón, confiesan los guías turísticos.
Catorce años después de que
asumió el poder el alcalde del Distrito Nacional (ADN), Roberto Salcedo, el
malecón tiene un aspecto de arrabal que le resta vistosidad a sus atractivos.
Los parques lucen abandonados y
sucios, sin el esplendor que les imprimirían unas abundantes y bien cuidadas
áreas verdes. La iluminación nocturna es escasa, porque la mayoría de las
lámparas del alumbrado eléctrico están dañadas.
Los árboles y las palmeras están
en muy mal estado, mientras las aguas negras corren por aceras y contenes, en
algunas zonas.
Los parques del malecón pasaron de ser lugares de recreación y sano esparcimiento a ser usados por mendigos, vendedores ambulantes, drogadictos y prostitutas.
Aguas negras, heces fecales,
orines, basura, escombros, caracterizan el ambiente en la mayoría de las plazas
y monumentos del malecón.
Muchos bancos están destartalados y rotos por efecto del salitre y el mal uso que le dan algunos pobladores.
El monumento a Fray Antón de
Montesinos, construido en 1982, en honor a uno de los primeros habitantes del
Monasterio e Iglesia de la Orden Dominicana, famoso por su defensa a los
indios, es una afrenta para las autoridades del ADN y los ministerios de
Cultura y Turismo.
Ese monumento, que debe ser
frecuentado por estudiantes de todos los niveles académicos y turistas interesados
en conocer la historia del país, es usado como depósito de materiales de
construcción y, en consecuencia, está lleno de arena, cemento, adoquines,
varillas, tubos para el alcantarillado, camiones y otros equipos pesados.
La gigantesca estatua de 150 pies
está respaldada por una edificación deteriorada por las filtraciones, el sucio
y el agrietamiento de sus paredes y pisos.
Las jardineras están vacías y dos
grandes árboles obstaculizan la plena visibilidad de la estatua de Montesinos.
En las noches, ese espacio sirve
de “guarida” a atracadores, ladrones y prostitutas.
Languidece.- En el Centro de
los Héroes languidece el Teatro Agua y Luz, “como un monumento al descuido
gubernamental”.
Esa edificación, declarada
patrimonio nacional en 1988, está convertido en un vertedero.
Sus paredes se pierden entre las
ratas, los matorrales, los troncos y las hojas secas.
Su explanada se convirtió en una
parada de minibuses, donde abundan los fritureros y los venteros.
Esa obra fue inaugurada en 1955,
durante el régimen de Rafael Leonidas Trujillo, en el marco de la Feria de la
Paz y Confraternidad del Mundo Libre, que se extendió del 20 de diciembre de
1955 al 31 de diciembre de 1956, para celebrar el 25 aniversario del ascenso al
poder del dictador.
El Agua y Luz fue considerado una
“joya arquitectónica” con sus 355 chorros de agua que bailaban al ritmo de
valses, sus 4,000 bombillas de diversos colores, su planta oval y su gran
espacio a cielo abierto.
Fue escenario de las revistas
artísticas más famosas del mundo.
La plaza Carlos Gardel, ubicada
entre la esquina del Malecón y la calle Carlos Gabriel García, tiene el busto
semidestruido, carece de área verde y los bancos necesitan urgente
reconstrucción.
A unos pocos metros, en las
mismas condiciones, se encuentra el monumento levantado en honor al coronel
Rafael Fernández Domínguez, héroe de la revolución constitucionalista de abril
de 1965.
Fuerte San Gil.- El Fuerte San
Gil se pierde entre las malezas, las aguas negras y la basura. Esa estructura
está semidestruida, sin una placa que la identifique y obligue a los turistas y
munícipes a indagar sobre las razones de su existencia.
Rodeado de un ambiente
nauseabundo permanece el Obelisco Hembra o Monumento a la Independencia Financiera,
de 20 metros de altura construido en 1947 para rememorar el pago de la deuda
externa dominicana a Estados Unidos por el dictador Rafael Leonidas Trujillo
Molina.
El abandono se extiende a los negocios ubicados en el malecón.
La mayoría de heladerías, los
cines, restaurantes, las pizzerías y otros establecimientos no exhiben el
esplendor que debe caracterizar una de las zonas más importantes de la capital
dominicana.
A esto se suma la construcción de
varios tarantines que expenden frituras y comidas rápidas frente a la
renombrada plaza Güibia.
La situación opaca el lujo de los grandes hoteles y restaurantes de la zona.
El cuadro lo completa la gran
cantidad de edificios abandonados y solares baldíos.
Llama la atención dos edificios
de unos 20 pisos cada uno que llevan décadas sin terminar, frente a la playa de
Guibia.
El abandono del malecón contrasta con la realidad de una ciudad con un alto déficit de lugares de esparcimiento sano y barato para la población.
La inseguridad es uno de los principales problemas de la zona.

Opaca grandes hoteles.- La
arrabalización del malecón contrasta con la majestuosidad y el esplendor de los
grandes hoteles y restaurantes que se extienden por la avenida George
Washington.
Además, con la necesidad de
diversión y esparcimientos sanos de los habitantes de la ciudad de Santo
Domingo.
Contrasta asimismo, con la
majestuosidad y el esplendor de Brillante Navidad. La inseguridad es uno de los
principales problemas de la zona.

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