Escrito por
La Redacción.
febrero 07, 2016
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En otra zona cercana, residentes
de la Ribera del Ozama denuncian puente de la 17 se les cae encima.
SANTO DOMINGO.- Mientras
realiza el último corte a un trozo de tomate que le queda en su mano izquierda,
en el barrio de Gualey, Emilia Pérez recuerda con nostalgia su antigua tienda
de venta y alquiler de videojuegos, convertida hoy en un depósito para
alimentos y algunos utensilios.
Los estantes fueron
desmantelados, desde el momento en que se iniciaron los desalojos para la
construcción del puente de la segunda línea del Metro de Santo Domingo y ahora
sirven para colocar allí los anafes que utiliza la mujer, en su nueva forma de
obtener ingresos. Ella vende comida a los obreros que realizan la obra.
Desde una silla de plástico,
frente a la pequeña casa de dos niveles donde antes funcionaba la tienda de
videojuegos, Pérez vigila un caldo que se cuece en un enorme caldero puesto
sobre uno de los anafes, mientras se nota cómo ha evolucionado el entorno luego
de que las máquinas excavadoras, camiones, palas mecánicas y equipos de
ingenieros irrumpieran en el sector para erigir el puente, paralelo al
Francisco del Rosario Sánchez, que conectará a Santo Domingo Este con el
Distrito Nacional a través de la red ferroviaria.
“Tengo que vender comida o si no
me muero de hambre”, dice la señora Pérez, que vive en el lugar desde mucho
antes de que su pelo encrespado se tornara blanco.
Aunque la casa de Pérez está
justo debajo del puente Francisco del Rosario Sánchez, a varios metros del
lugar donde se construye el puente por el que recorrerá el metro, esta asegura
que es insoportable el polvillo, pese a que un camión rocía con agua el
improvisado camino, y los ensordecedores ruidos que provocan las maquinarias
que allí se utilizan para cortar algunos metales o colocar los soportes.
Justo al frente estaba el colmado
de Bienvenido Montilla, que ahora es una pequeña tienda de prendas de fantasía
y está a cargo de su mujer, Marilyn Montilla, dado que este enfermó y no podía
estar más al frente del negocio que –según cuenta- decayó con el desalojo de
las más de 40 familias que indemnizó la Oficina Para el Reordenamiento del
Transporte (OPRET) en 2015.
“Nosotros vendíamos bien pero al
llevarse toda la gente nos han dejado solos. Hemos tenido que hacer malabares
para poder sostenernos”, dice Marilyn Montilla. Describe su condición económica
como muy mala.
Al otro lado del río, en el
sector Ribera del Ozama, los residentes múltiples historias similares de
bancarrota de pequeños negocios y cambios drásticos en el entorno que ahora es
frecuentado por obreros, algunos de los mismos sectores, y que se han
convertido en los ocasionales clientes de los comercios que han sobrevivido.
Carlos Morillo, propietario de un
pequeño colmado que aún se mantiene a pesar de la poca afluencia de clientes,
pide la intervención de las autoridades en esta comunidad para que les
trasladen hacia un lugar digno en el que puedan vivir junto a sus familias.
Señala que ha habido derrumbes en
la zona y que están en constante peligro por la delincuencia que afecta a estos
sectores marginales, así como los problemas de basura y desechos que van a
parar al río Ozama.
Residentes de la Ribera del Ozama denuncian puente se les cae encima.- Se trata de
quienes viven en el sector Ribera del Ozama, en Santo Domingo Este, quienes denuncian
que viven en constante peligro debido a pedazos de asfalto y cemento que se
desprenden en todo momento de la parte inferior del puente Francisco del
Rosario Sánchez (de la 17) y caen encima de sus casas.
El presidente de la junta de
vecinos del lugar, Brígido Brito, junto a otros residentes se quejaron de que
llevan varios años denunciando la situación al Ministerio de Obras Públicas y
que lo que han hecho es “pasarle un paño” al puente que solo cubre las faltas
por la superficie sobre la que circulan los vehículos pero debajo se mantiene
igual.
Asimismo denunciaron la rotura de
una tubería que va a través del mismo puente y a través de la cual se
desperdician miles de galones de agua a diario desde hace unos años.
“No podemos dormir ni de noche, ni de día”,
afirmó Digna Morillo, quien padece de hipertensión arterial, cuyos síntomas se
agudizan al escuchar los estruendos de los camiones y vehículos pesados que
transitan a todas horas por el puente Francisco del Rosario Sánchez.






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