Escrito por
La Redacción.
febrero 02, 2016
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La consideración es de Ricardo Sientefus, ex representante de la
Organización de los Estados Americanos en Haití. El diplomático considera que
para la segunda vuelta electoral en Haití, lo mejor que puede hacer la
comunidad internacional es no intervenir.
SANTO DOMINGO.- Luego de las elecciones del pasado
25 de octubre y sus cuestionados resultados y una segunda vuelta suspendida
entre el oficialista Jovenel Moise y el opositor Jude Celestin, Haití parece
haber caído en una nueva espiral de inestabilidad que amenaza con crear una
situación sin precedentes el próximo domingo 7 de febrero: no tener un
presidente electo a quien traspasar la presidencia.
Y esta crisis, que recuerda la que el pasado enero
dejó al país caribeño sin parlamento, hace temer lo peor si no se logra un
consenso para formar un gobierno de transición que convoque a nuevas
elecciones; un proceso que para Ricardo Sientefus, ex representante de la
Organización de Estados Americanos en Haití, implica dejar que los haitianos
tomen sus decisiones sin la intervención de la comunidad internacional.
Con expresiones que cuestionan el papel de los
políticos haitianos, Estados Unidos y los organismos internacionales, un hilo
de críticas que le valieron en el 2011 ser separado de su cargo luego de la
primera vuelta de las elecciones en 2010, Sientefus concede una entrevista
exclusiva al periódico Diario Libre, de República Dominicana; para hablar sobre
la actual crisis haitiana y expresa sus consideraciones ante los retos que debe
afrontar la clase política del vecino país para lograr una posible estabilidad.
A continuación la entrevista:
P. ¿Usted cree que un gobierno de transición ayudaría
a solvertar la crisis o a pasar a un estadio, digamos, más tranquilo
políticamente?
R. Ahora en este momento, un gobierno de transición es indispensable, lo
primero es ¿por cuánto tiempo? Segundo, ¿con qué poderes? Tercero, ¿cómo será
compuesto este gobierno provisional?
Entonces para mí debe ser por el tiempo de treinta (30
días) máximo o noventa días, no puede alargarse más de eso. Determinar que su
función esencial es organizar las elecciones. Pero uno se puede preguntar
cuáles elecciones, ¿la segunda vuelta o todas las votaciones? Todo va a
depender justamente de la tercera respuesta: quiénes van a componer este
gobierno.
Entonces eso es una situación nueva porque no existe
en la Constitución el final del mandato de un presidente sin elegir otro. No
está previsto. Lo que está previsto es el vacío del poder por un golpe, por
ejemplo, como cuando Aristide fue sacado del país en 2004. Eso está previsto.
El presidente de la Suprema Corte es quien va a tomar el poder. Ahora no. La
toma de poder por ausencia de electo no está prevista.
La idea es hacer un arreglo, una conversación entre
las fuerzas políticas para que bajo la inspiración de la Constitución, de
manera más cercana a la Constitución, se busque una solución. Pero repito, un
gobierno provisiorio, con poderes limitados, con un respaldo más extenso
posible, y cuando digo más extenso posible digo que no sea solo político de
Puerto Príncipe y que no solo sean políticos de la oposición.
Por esto es que vamos tener un reto muy dificil,
porque la cuestión esencial también es saber qué elección se va a organizar.
¿Van a hacer elecciones generales desde el inicio, desde agosto, o se va a
hacer solamente una parte con una segunda vuelta? Esto es un elemento clave,
¿por qué? Hay que ver si se hace con todos, incluso con parlamento. Hay
parlamentarios que fueron electos en agosto, y ellos no quieren supuestamente
participar de un arreglo que diga que vamos todos otra vez a elección, y
tampoco ellos pueden firmar un acuerdo como un ciudadano común, sin ser
diputado ni senador, sin ser reconocidos.
Se ve muy bien lo complicada de la situación.
Y aquí el desafio esencial es que la comunidad
internacional, el supuesto grupo de los amigos de Haití, no se meta en este
proceso. Es dificil, porque siempre los supuestos amigos se meten, apoyan,
eligen, indican. Eso lo hicieron hasta el viernes (22 de enero).
P. Una de exigencias de Jude Celestín es precisamente
esa, y de la oposición, que dejen a los haitianos elegir.
R. ¡Respirar! Dejar a los haitianos vivir sus convenciones. Mira, hasta el
viernes por la mañana (22 de enero), la comunidad internacional estaba unánime
diciendo domingo votación, como decía el gobierno, como decía el Consejo
Provisional por las cosas que pasaron en la noche del jueves (21 de enero) y la
mañana del viernes.
Al presidente del Consejo Electoral yo le dije, mira
(Pierre-Louis) Opont (quien renunció a sus funciones el pasado 29 de enero)
felicitaciones por tu decisión, porque tú no puedes ser el responsable de
abrigar, de tener en los brazos, la sangre de tus hermanos. Porque los
partidos, esta gente, no va tener ninguna responsabilidad. La historia va a
decir que es tu responsabilidad.
La comunidad internacional fue forzada a esta
situación y por esto mi conclusión sobre la situación hoy es que debe haber una
ruptura ahora, de ese rol de la comunidad internacional que va a tener un antes
y un después. Un antes en que la comunidad internacional hacía lo que quería y
ahora no. Porque esta crisis es muy distinta a la del 2010.
P¿En que se diferencia a la del 2010?
R. En el 2010, lo escribo en mi libro que va a salir ahora, los Estados
Unidos y los países amigos decían que no querían a Jude Celestín. Y ahí hubo,
esto el 28 de noviembre del 2010, todo el mes de diciembre, todo el mes de
enero, presiones cambiando el resultado. La misión de la OEA y de la Caricom
cambiaron los resultados.
Para febrero (René) Preval dijo sí y el Consejo
Electoral muy bien. Y entonces publicaron los resultados. Jude Celestin se
quedó callado, la gente y el gobierno se quedaron callados. Terminó. Y Martelly
pudo hacer su campaña y ser presidente. Ahora no.
Ahora toda la oposición no solamente está reclamando,
está en la calle y con ganas de no salir de la calle y tuvo una gran victoria
de no tener una segunda vuelta, creo que fue la victoria de la democracia de
hecho. Porque hacer una segunda vuelta con un solo candidato es difícil de
entender. Cómo nosotros, que como extranjeros vamos a Haití mostrando los
valores de la democracia, y aceptaramos esto.
Ahora hay que dejar a los haitianos arreglar esto.
Espero que lo hagan con espíritu público, pero que lo hagan pensando que acaso
arreglen la crisis para recuperar su soberanía, el hecho de las manifestaciones
fue una manera de recuperar un poco la soberanía, porque hubo una unanimidad de
los movimientos sociales, de los partidos políticos de oposición, de la
diáspora. No olvidemos que hay elecciones en Estados Unidos este año y la
diáspora haitiana va a votar, entonces esto va a tener un peso grande en la
manera en que Estados Unidos se va a portar en Haití.
¿Por qué la comunidad internacional quería que el 7 de
febrero hubiera un nuevo presidente? Porque la Constitución lo dice muy bien
¿Pero de cualquier manera? Sí, de cualquier manera. Porque se quiso también
cerrar el caso haitiano, terminar con los problemas haitianos, tener un nuevo
presidente, para que una eventual crisis haitiana no tuviera ninguna
interferencia en la campaña electoral de Hillary Clinton.
Ella puso a Martelly
en el palacio presidencial. Condicionó el calendario electoral al calendario
electoral de Estados Unidos. Y ahora fue un fracaso, porque de hecho la crisis
haitiana va a estar dentro de la campaña estadounidense. Ahora hay dos
pretendientes, pero Hillary pasa como candidata demócrata, seguramente.
P. Me planteó las condiciones que considera debe tener
el gobierno de transición. ¿De qué manera se pueda elegir que logré agrupar
estas condiciones que señala? ¿Hay que incluir a Martelly y al candidato
oficialista? ¿Dejar la comunidad internacional fuera? ¿Cuáles actores deberían
pactar este gobierno de transición? Y, ¿usted ve dentro del liderazgo haitiano quién
podría presidir este gobierno de transición?
R. Muchas preguntas (ríe).
P. Sí, en una sola.
R. Hay una diferencia entre Martelly y el movimiento de Martelly. La
oposición está esperando que llegué el siete (7 de febrero) y Martelly no tenga
un papel, pero el movimiento sí. Entonces es necesario pactar con ellos. Se
sabe que participa, porque tienen veinte y pico de senadores y es una fuerza
política y electoral en el país.
Por otro lado, es necesario, repito, es necesario,
mantener informada a la comunidad internacional. No más que eso. Muchos actores
políticos haitianos tienen la mala costumbre de golpear las puertas de las
embajadas para pedir, para implorar muchas cosas, como algunos actores
políticos en América Latina a las puertas de los cuarteles militares. Entonces
eso no puede ser. La comunidad internacional tiene mucho poder, y quien tiene
mucho poder puede provocar muchos estragos, pero también si usa bien este poder
puede que sea para reforzar la institucionalidad.
Entonces, debería ser un abanico de lo más amplio
posible. Solamente aquellos movimientos que están defendiendo la violencia, el
golpe, la secesión, la guerra civil, esos no. Que no formen parte del diálogo.
No voy a decirte nombres, sobre todo porque en Haití
cada uno tiene un nombre en la cabeza y eso es un punto esencial. Creo que más
que el presidente, y puede ser el presidente de la corte de apelación, el rol
del primer ministro es fundamental, porque es al primer ministro al que le
corresponde organizar los ministerios.
Usted sabe que en Haití tenemos una
bicefalia, el Ejecutivo tiene dos cabezas: el presidente y el primer ministro.
El presidente no puede hacer mucho. Entonces elegir un primer ministro de
consenso es un problema grande. Hay nombres que están circulando y no voy a
citarlos, pero sobre todo, que el perfil debe ser una personalidad que agregue,
que sume a todos en el proceso.
P. En estos pasos de tratar de formar un gobierno de
transición y convocar elecciones, ¿deberían remover a los miembros que quedan
en el Consejo Electoral Provisional y elegir una nueva membresia? Que es una de
las exigencias de la oposición. ¿Qué tan factible sería?
R. Es un problema, porque siempre son ad hoc. Y es un problema muy grande que
tiene la democracia en Haití. El juez es siempre es contestado por los
jugadores. El consejo electoral contestado por los políticos, casi siempre por
la oposición.
No puedo dar consejos, puedo ver y considerar que debe
ser un gobierno con poderes limitados, capaz de dialogar con una fecha límite
de validez. Hay acusaciones contra el actual consejo electoral y siempre me
pregunto, conozco bien al presidente del consejo, que el 2010 era el director
general del Consejo del presidente actual y durante muchas semanas luchó mucho
para no aceptar las imposiciones de los resultados de manera oficial.
Finalmente lo hizo, y lo declaró publicamente en julio, por ser un funcionario
del Estado por demanda del presidente Preval. Es una persona seria, quizás no
escuche como debería escuchar. Tomó algunas deciones complejas. Por ejemplo, al
rector la Universidad Quisqueya, Jacky Lumarque, que tenía todas las
condiciones de ser candidato y quizás ser un buen presidente, lo descartó por
una interpretación dudosa.
Pero parece que el presidente Martelly está intentado
reorganizar el Consejo, solamente tiene cinco miembros (ahora quedan cuatro,
tras la reuncia de Opont el pasado 29 de enero) y debe tener nueve. Yo no sé si
el presidente Martelly está en condiciones de hacerlo, lo que hay es que la
oposición no va aceptar que integre el nuevo consejo y no ser parte de este.
Los nuevos consejeros deben ser resultado de un consenso y de una discusión con
la oposición, pero una vez más estamos acá con el típico problema de Haití, la
democracia.
Usted no se puede imaginar que la Junta Central
Electoral de República Dominicana sea dominada por uno o dos partidos, y que
los partidos pongan la gente, los funcionarios. Eso no puede ser, tiene que
estar por encima de los partidos, incluso del Ejecutivo. Debe ser permanente y
tener capacidad técnica y autonomía financiera. Y nada de eso se cumple en
Haití. Setenta y cinco por ciento de las elecciones fueron pagadas por la
comunidad internacional. Estados Unidos puso más de 30 millones de dólares.
Pero ese es un problema serio de la democracia. Se
exige de Haití cosas que no puede hacer. Todos los años hay elecciones en
Haití, mal organizadas como estas y cada vez que hay elecciones en democracia
hay dos propuestas y se elige una, punto, y se pasa a otra cosa. En Haití no.
Haití en cada elección hay más gasolina y leña en el fuego, porque los que
pierden no aceptan los resultados, contestan a los jueces. Se exige de Haití
algo que no está en condiciones de hacer.
Entonces creo que el nucleco central primero, es
político y dentro de lo político es la cuestión electoral. Y todos, el pueblo
haitiano, la comunidad internacional, los vecinos empezando por República
Dominicana son rehenes de esta situación. Todo se transforma en política
electoral. Y la Minustah está ahí desde el 2004, he escrito muchas cosas sobre
esto y muchos consejos, pero este es un tema central también.
P ¿Retirar la Minustah?
R. No sé. Yo quiero decir, se hace una misión, una operación multifacética
con multiples aspectos, uno el estado de derecho, otro reforzar las instituciones.
El tema institucionalidad electoral es un tema central. ¿Qué pasó ahora? Nadie
durante cuatro años, Martelly no pensó en elecciones, no se le dio ninguna
importancia al Consejo Electoral, y en el último momento, cuando va a apagar
las luces...¡Ah! Tenemos que hacer elecciones. Ese es un tema central, y
nosotros, y la comunidad internacional nos vamos de Haití.
Mira, gastamos en treinta años de transición en
elecciones en Haití tres mil millones de dólares. Te pregunto, ¿para qué?
¿Dónde está el edificio, donde están las instalaciones, la memoria, las
computadoras, los motores, los coches? Nada.
P. ¿Igual con la documentación de sus ciudadanos?
R. Se hace. Se hace. Pero la participación es un
problema serio. En la votación de Preval, en el 2006 hubo 63% de participación,
altísima. Con Martelly, en 2010 y 2011, veintidos 22%. Si se hubiesen celebrado
las elecciones del domingo que pasó (24 de enero), menos de un diez 10%. ¿Qué
democracia es esta? ¿Qué legitimidad tiene?
Entonces la manera en que se hace la política, siempre
un juego de suma cero: o tú ganas todo y yo gano todo, que es exactamente lo
contrario a la política. La política es buscar consenso, procurar términos
medios, conciliación. Pero esta política de juego de suma cero que la comunidad
internacional estaba jugando hasta el viernes por la mañana (22 de enero), no
lleva a nada sino a la crisis.
P ¿Qué piensa sobre las recientes declaraciones de Guy
Philippe, su llamado a la insurrección civil? ¿Podría tener este llamado eco en
algún sector haitiano?
R. Como se hace la transición, puede ser. Haití pasó por algunos períodos
difíciles de oposición entre Puerto Príncipe y las demás regiones, pero este
señor debe dar cuentas a la DEA, en Estados Unidos.
Pero ahí también hay un juego muy raro. Los Estados
Unidos sabe donde ese señor está y no parece existir una tentativa de
apresarlo. Si miras la página de la DEA está la foto de ese señor ahí como
narcotraficante. Pero es otra manera de decir cuidado con la transición,
cuidado que no puede ser muy larga, cuidado con la formación del gobierno. Lo
que este señor dice también que no solo puede ser políticas de Puerto Príncipe,
que hay que tener un abanico más amplio y en eso tiene razón, pero eso de la
lucha armada, guerra civil, atentados, creo que eso no va a prosperar. No hay
espacio para eso.
P ¿Se extraña de la especie de presencia fantasma de
Jean Beltrand Aristide en Haití? ¿Tendrían que tomarse en cuenta en este
proceso de transición, considerando que su partido Lavalas tiene mucha influencia
en Haití?
R. Es la gran duda saber cuál es el nivel de influencia del partido. Aristide
se fue del país por muchos años, pero no es un fantasma, es un fantasma
actuante. Tuvo una candidata, sacó lo que sacó de votos.
Ella dijo que iba a
ganar en la primera vuelta, todos dicen así. Tiene algunos diputados, tiene
senadores, pero no es la fuerza que era antes del 2000 y ni en el 2006 cuando
apoyó a Preval. Pero es una fuerza política, ¿y en democracia qué hay que
hacer? A los partidos políticos que se comporten de manera democrática hay que
escucharlos, deben ser oídos. Si no preconizan la violencia, los atentados,
deben ser parte de las discusiones democráticas.
No se puede exiliar a nadie
Creo que para los haitianos, los políticos haitianos,
su lugar es Haití. Los brasileros en Brasil y los dominicanos en Dominicana. No
se puede, porque no me gusta, exiliar a alguien. La democracia es lo contrario
del exilio y usted sabe que en la política haitiana, en los años de transición
(luego de la dictadura), solo un presidente consiguió no ir a la cárcel ni ir
al exilio, que fue Preval.
En una entrevista en la radio me preguntaron cuál
consejo le daría a Martelly, y le dije que tiene que hacer todo para salir
bien. La transición es fundamental, pero no lo hizo. ¿Dejar el poder a quién?
¿A un juez? Entonces también la duda es si después habrá venganzas. El papel
firmado por el grupo de los ocho (principales partidos de oposición, que
incluyen entre sus líderes a Jude Celestín, segundo en las elecciones del
pasado agosto) habla que no, que van a dejar tranquilo en Haití, que no
necesitará exiliarse. Siempre los juicios políticos son políticos.
Volviendo... Aristide nunca salió de Haití.
Fisicamente estuvo en África del Sur, pero siempre estuvo en Haití. Incluso
presentó una candidata, pero hay muchos candidatos de estos 54 que se
presentaron que salieron de Lavalas. Preval estuvo en Lavalas. Entonces tuvo
muchos hijos Lavalas, hijos rebeldes. Creo que juega un rol, pero no el que ya
jugó en los años 90, es uno más pequeño. La política haitiana es más compleja.
Por eso es necesario que todos los actores tengan
confianza en el arbitraje electoral, para esto todos deberían trabajar por un
sistema electoral respetado.






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