Escrito por
La Redacción.
diciembre 11, 2015
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PUERTO PRINCIPE, Haití.- En las últimas semanas se han
sucedido varias protestas callejeras en la capital haitiana con brotes
ocasionales de violencia en apoyo de las peticiones de la oposición de que se
disponga un recuento independiente de los sufragios en la primera ronda de las
presidenciales en Haití y que se hagan cambios inmediatos en el consejo
electoral.
Pero en este país empobrecido mucha gente no comparte
ese fervor y los analistas temen que una abstención generalizada ponga en peligro
un nuevo intento de apuntalar la frágil democracia haitiana. Esta falta de
interés coincide con un ciclo electoral de tres votaciones en las que han
estado en juego casi todos los cargos públicos del país.
Minouche Jean, vendedora de comida, no votó en la
primera ronda de las presidenciales a finales de octubre y no lo hará en la
segunda vuelta, prevista para el 27 de diciembre. No le interesa un proceso que
parece tener tan poco efecto en su vida diaria.
“Es una pérdida de tiempo hacer fila durante horas y
no conseguir nada a cambio”, dijo mientras colocaba pequeñas bolsas de arroz y
azúcar en un mostrador de madera de una barriada de Puerto Príncipe. “Tengo que
ganar dinero”.
En teoría, la campaña para la votación del 27 está en
marcha, pero por ahora parece que sólo uno de los dos candidatos que siguen en
la contienda hace campaña. Jude Celestin, el segundo más votado, ha denunciado
un “fraude masivo” a favor del candidato del gobierno y su alianza de oposición
amenaza con boicotear las elecciones. El más votado en primera vuelta, Jovenel
Moise, del partido Tet Kale del presidente saliente Michel Martelly, hace
campaña y se queja de que sus detractores no presentan pruebas que respalden
sus acusaciones de amaño electoral.
La escéptica opinión de Jean sobre el proceso
democrático parece generalizada, a juzgar por las entrevistas realizadas en el
país por Associated Press. Esa profunda sensación de desencanto señala que la
ya escasa participación de octubre se repetirá en las presidenciales. Sólo el
18% de los votantes acudió a los comicios legislativos de agosto, la primera de
tres elecciones que ha habido este año.
Junto a una carretera polvorienta, Chery Anozier
preparaba una pasta picante de maní con un agrietado mortero. “Si uno vota en
Haití, le traicionan”, dijo haciendo una pausa. “No puedo depositar mi
confianza en estos políticos”.
Hay muchas teorías sobre el origen de esa opinión: una
falta de candidatos atractivos, exasperación con las promesas rotas y años de
disputas políticas internas, sospechas de que las autoridades electorales
arreglarán los resultados o que los líderes sean elegidos por gobiernos
extranjeros que financian las votaciones.
El estado de ánimo va de “la apatía al resentimiento y
al boicot deliberado tras tantas decepciones”, señaló James Morell, director
del grupo con sede en Washington Haiti Democracy Project.
En la primera ronda de las presidenciales, el 25 de
octubre, se depositaron unos 1,5 millones de votos, lo que supone apenas el 26%
de los 5,8 millones de votantes registrados del país.
Un grupo haitiano de observadores sospecha que la
mayoría de esos votos fueron depositados por “mandataires”, trabajadores de
partidos políticos a los que se ordenó estar en los centros de votación. El
grupo señala que el Consejo Electoral Provisional emitió unas 900.000
acreditaciones de representantes de partidos políticos.
La participación fue similar a la de las
presidenciales de 2010, pero esas elecciones se celebraron tras un devastador
terremoto en el que murieron hasta 300.000 personas, más de un millón se
quedaron sin techo y que hizo que los haitianos se centraran más en sobrevivir
que en la política. Las elecciones de 2006 tuvieron una participación del 60%.
Los que sí votaron en octubre y agosto expresaron un
sentimiento de deber cívico. Pero en ocasiones, ni siquiera eso basta para
llevar a la gente a las urnas.
Irilien Cejour, soldador en la ciudad central de
Mirebalais, dijo que votar le parece el deber de un ciudadano, pero los 54
candidatos de la primera ronda presidencial le atraían tan poco que se quedó en
casa.
Algunos haitianos están tan desencantados que añoran
la dictadura de 29 años de François Duvalier y su hijo Jean-Claude, que terminó
en 1986 con un alzamiento popular. Se estima que unas 60.000 personas fueron
asesinadas durante el régimen, pero algunas personas señalan que había orden.
“En los días de Duvalier podías conseguir una bolsa
grande de arroz, demasiado grande para cargarla, por poco de dinero. Ahora todo
es caro”, dijo Marie Solange Auguste, que cultiva maíz y frijoles en un pequeño
terreno tras una comisaría en la costa occidental de St. Marc.
En su diminuta tienda, Jean, la vendedora de comida,
dijo que si aparece un candidato en el que pueda creer, podría votar en el
futuro. Pero duda que eso vaya a ocurrir.
“Todos los políticos hacen muchas promesas cuando
intentan ganar elecciones. Pero después de ganar, una nunca vuelve a saber de
ellos”, dijo.


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